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"We used Paul to help us organise a wedding in Ronda for my English daughter and Scottish son-in-law. It was a very tricky matter, because it is not normal for foreigners to marry in the town. Nevertheless, we persevered and Paul did all the interpreting, talking to officials and making phone calls on our behalf. Needless to say, the wedding went perfectly, with a large part of the thanks going to Paul."
Mary Jackson, Colwyn Bay, Wales, May 2006

Carta al Director 3 PDF
 

Una enfermedad que se quita viajando

alt  XL Semanal, domingo, 19 de septiembre de 2.010

 

¿Odiamos los españoles a los franceses? A la señora Anne Marie Viallet Ambert, yo le diría que se está remontando a tiempos de José I.

A mis más de 60 años, y conociendo gente de todo tipo, no he conocido a nadie que odie a los franceses en estos tiempos. Muchos como yo nos escapamos a Francia cada vez que podemos, nos encanta ese país. Yo he estudiado en la Universidad de Grenoble, los franceses me trataron con respeto y simpatía y considero Francia y su cultura uno de los países con más peso específico del mundo. Entre España y Francia se dan los piques que siempre ha habido entre países fronterizos. También los hay entre pueblos colindantes; es la naturaleza humana. Antes, en España se viajaba poco y en tiempos de Franco todo lo extranjero era malo y España era una isla de paz y amor, pero a quien realmente se odiaba era a los ingleses, por aquello de Gibraltar español... Afortunadamente, también eso ha cambiado con los viajes. El odio a lo foráneo es una enfermedad que se quita viajando, cuando nos damos cuenta de que en todos los países el ser humano no es más que una sola especie, con sus defectos y virtudes y sus características propias de cada país, diversidad que resulta encantadora.

Emma Boschetti. Correo electrónico